Confesión online de una mujer:
Estoy con un hombre desde hace poco más de un mes, aunque ha sido muy intenso.
Y me he dado cuenta de que hace muchas alusiones, como en broma, al tema de estar también con otras mujeres.
Hoy mismo, viendo una novela en la que se referían a casarse con una "buena chica" y tener otra como amante, ha dicho:
-¿Ves lo que yo digo?
Le he preguntado:
- Y yo, ¿qué soy? ¿la oficial o la otra?
Me ha contestado:
- Tú eres mi mujer
Entonces yo le he dicho:
-Está bien, pero entonces, ¿yo también puedo tener un amante?
Y ha contestado:
- Sí, pero yo le tengo que dar el "visto bueno".
Si, llegado el caso, me lo plantea en serio, ¿qué hago?
-Opción 1: le digo que NI HABLAR.
-Opción 2: le digo que sí pero que yo voy a hacer lo mismo.
Cuando promediaba el mayo del 68 en París, tiempos de la psicodelia y el hippismo, el existencialismo y el amor libre, entre la juventud la idea de mantener una pareja abierta era el último grito de la última moda.
Esta idea se mantuvo con fuerza durante buena parte de los años setenta y comienzos de los ochenta, promovida por el credo de no posesión del otro alentado en parte por el existencialismo. "No te poseo; no me posees. Estoy contigo porque te amo, pero puedo tener sexo con otros-otras sin que eso dañe mi relación contigo. Asumo que los seres humanos no somos fieles y lo vivimos sin culpa ni represiones", algo así sería el enunciado para este tipo de contrato de pareja.
Hoy ha vuelto a cobrar fuerza. Se le llama "poliamor", y tiene un gran número de defensores. En Estados Unidos y Europa existen grupos y asociaciones de personas poliamorosas que promueven la causa. Tanto en Europa como en Estados Unidos, se da un mayor número de activistas entre las mujeres.
"El amor exclusivo, por definición, no es amor", proponen.
Según el psicólogo francés Yves-Alexandre Thalmann, uno de los fuertes ideólogos del poliamor, es posible amar a dos o más personas a la vez y no estar loco.
"El poliamor es el encuentro entre el amor sentimental y el amor universal", sostiene.
Thalmann tiene varios libros publicados sobre estos temas y, puntualmente, en "Las virtudes del poliamor" dice: "La sociedad actual parece muy tolerante con las diferentes formas de amor y de sexualidad, de manera que las diversas orientaciones y prácticas sexuales se muestran públicamente. Sin embargo, subsiste el último tabú: el amor debe ser exclusivo, la pareja es su única manifestación y el matrimonio su único reconocimiento legal. Pero este modelo monógamo está en crisis: los divorcios son cada vez más frecuentes, las familias recompuestas están al orden del día, sin hablar de infidelidades, engaños y traiciones que socavan la solidez de la pareja y que no aparecen en las estadísticas.
¿Y si el problema residiera precisamente en la creencia de que el amor sólo se puede jugar a dos?
¿Y si la exclusividad amorosa, que la mayoría tenemos como un ideal, estuviera en el origen de la posesividad y los celos?
¿Y si el compromiso con una sola pareja tuviera en su seno el germen de la insatisfacción, el enojo y la violencia?"
En una excelente entrevista que publica el sitio Crece Joven, él explica que el poliamor implica un nuevo tipo de compromiso y no una suerte de justificativo para el sexo libre. "No se trata de un mero deseo de mantener muchas relaciones sexuales. El poliamor es una mente abierta a amar de forma completa a varias personas a la vez, sentimental y físicamente. No es sólo sexo y puede ocurrir que, por diversas circunstancias, el sexo esté ausente de la relación."
Dirán que soy una anticuada, un dinosaurio, una troglodita sin remedio, pero a mí personalmente, me cuesta hacerme a la idea de participar en este tipo de contratos. Yo, ante la disyuntiva que plantea la confesión del principio de este artículo, diría: NI HABLAR.
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